INDIA

INTRODUCCION

Situado al sur de Asia, es el 7º país más grande geográficamente y el 2º más poblado, es la democracia más poblada del mundo. Limitado por el Océano Indico en el sur, el Mar Arábigo al oeste, y la Bahía de Bengala en el este, la India tiene una costa de 7.517 kilómetros (4,671 millas). Limita con Pakistán al oeste, China, Nepal y Bután en el norte-este y Bangladesh y Myanmar al este. En el Océano Índico, la India se encuentra en las proximidades de Sri Lanka, Maldivas e Indonesia.

Es el hogar de la civilización del valle del Indo y una región de rutas comerciales históricas de los grandes imperios, el subcontinente indio se identifica con su riqueza cultural y comercial en gran parte de su larga historia. Cuatro principales religiones del mundo, el hinduismo, el budismo, el jainismo y el sijismo se originaron aquí, mientras que el zoroastrismo, el judaísmo, el cristianismo y el Islam llegaron en el primer milenio y en forma de diversidad cultural de la región. Poco a poco anexionada por la Compañía Británica de las Indias Orientales en el siglo XVIII y colonizado por el Reino Unido desde mediados del siglo XIX, consiguiendo su independencia en 1947 después de una lucha que se caracterizó por la resistencia no violenta generalizada. Las reformas económicas han transformado en la segunda mejor economía en crecimiento, sin embargo, todavía sufre de altos niveles de pobreza, analfabetismo, desnutrición y la degradación del medio ambiente. Una sociedad pluralista, multilingüe y multiétnica, la India es también el hogar de una diversidad de vida silvestre en una variedad de hábitats protegidos.... Para el viajero, India supondrá una gran sorpresa, nunca se sabe lo que te espera, por eso hay un dicho de India “o la amas o la odias, pero nunca impasivo”


HISTORIA

La primera gran civilización india floreció a lo largo del valle del río Indo durante más de mil años (2500-1700 2500-1700 a.C. aproximadamente). Sus grandes ciudades, Mohenjodaro y Harappa (actualmente en Pakistán), estuvieron dominadas por los sacerdotes, que sembraron los rudimentos del hinduismo. Los invasores arios procedentes de Asia Central barrieron el país entre los años 1500 y 200 a.C., y en seguida controlaron el norte de la India, empujando a sus habitantes dravídicos originarios hacia las regiones meridionales.

Los ocupantes trajeron sus propios dioses y sus tradiciones ganaderas y carnívoras, pero fueron absorbidos hasta tal punto que en el siglo VIII a.C. los sacerdotes había vuelto a establecer su supremacía, consolidada en el sistema de castas: una jerarquía mantenida por reglas muy estrictas que aseguraban el poder de los sacerdotes brahmánicos.

El budismo, que surgió hacia el año 500 a.C., condenaba este sistema. Ello dio lugar a un movimiento radical en el hinduismo en el siglo III a.C., con la conversión del emperador Asoka, de la dinastía Maurya, que controlaba gran parte de la India. Asoka (273-232 a.C.) implantó el budismo como religión oficial del imperio, y durante su reinado, la India conoció uno de los períodos de mayor esplendor.

En 326 a.C., Alejandro Magno alcanzó el norte de la India durante su expedición de conquista hacia Oriente, pero se retiró poco después de vencer al rey Poros. Sin embargo, la influencia cultural griega permaneció durante mucho tiempo en las regiones del norte. Varios imperios surgieron y cayeron en el norte del país tras el colapso de los Mauryas. Sin embargo, uno de ellos, la dinastía Gupta, que comenzó en 320 d.C. y permaneció en el trono 160 años, instauró otra edad dorada de poesía, literatura y arte en la India. Este período coincidió con el renacimiento del hinduismo en detrimento del budismo. El nuevo resurgimiento se desarrolló entre el año 40 y el 600 d.C.

Después de la invasión de los hunos, en el siglo VI, el norte de la India se fragmentó en una serie de reinos hindúes y no se reunificaría realmente hasta la llegada de los musulmanes. Sin embargo, el extremo más meridional, cuya prosperidad dependía de sus lazos comerciales con los egipcios, los romanos y los pueblos del sureste asiático, no se vio afectado por la agitación del norte, y el hinduismo no vio nunca amenazado su control de la región.

En 1192 llegaron los musulmanes de Oriente Próximo. Al cabo de veinte años, toda la cuenca del Ganges había caído bajo control mahometano, aunque el islam no consiguió penetrar en el sur. Dos grandes reinos se desarrollaron en la actual Karnataka: el poderoso reino hindú de Vijayanagar, y el fragmentado reino musulmán de Bahmani.

Los emperadores mongoles penetraron en el Punjab procedente de Afganistán, derrotaron al sultán de Delhi en 1525 y propiciaron otra edad de oro artística. Pero el imperio maratha creció durante el siglo XVII y fue apoderándose del territorio mongol. Los marathas, procedentes de la parte noroccidental del Decán (India central y meridional), consolidaron el control del centro de la India hasta que cayeron ante el último gran poder imperial, el de la corona británica.

Sin embargo, el Imperio Británico no fue el único país europeo que se estableció en la India: los portugueses habían controlado Goa desde 1510, y los franceses, daneses y holandeses también habían establecido allí sus avanzadillas comerciales. En 1803, cuando los británicos derrotaron definitivamente a los marathas, la mayor parte del país estaba bajo el control de la British East India Company, que había establecido su primer puesto comercial en Surat (Gujarat) en 1612.

Para la compañía británica, la India no era más que un lugar donde ganar dinero, y despreciaba por completo su cultura, creencias y religiones. Gran Bretaña desarrolló en el país actividades mineras para extraer hierro y carbón, así como plantaciones de té, café y algodón, e inició la construcción de la vasta red de ferrocarriles de la India. Los británicos fomentaron el absentismo de los terratenientes, al aligerarlos de la carga de la administración y recaudación de impuestos, lo que, a su vez, ocasionó el empobrecimiento de la población rural, un problema que sigue siendo crónico en Bihar y Bengala Occidental.

El motín de 1857 en el norte acabó con la desaparición de la British East India Company, y la administración del país quedó en manos del gobierno británico.

La oposición al poder británico resurgió con fuerza a principios del siglo XX. El Congreso establecido para dotar a la India de un cierto grado de autonomía empezó entonces a exigir verdaderas libertades. En 1915, Gandhi regresó de Sudáfrica, donde había ejercido la abogacía, para dedicarse de pleno a la lucha por la independencia, adoptando una política de resistencia pasiva y de no violencia, o satyagraha.

La II Guerra Mundial asestó un golpe mortal al colonialismo, y la independencia fue ya inevitable. Pero, dentro del país, la amplia minoría musulmana se dio cuenta de que una India independiente iba a estar dominada por los hindúes. Creció el comunalismo, con la Liga Musulmana dirigida por Muhammad Ali Jinnah, portavoz de la gran mayoría de musulmanes, y el Partido del Congreso, dirigido por Jawaharlal Nehru, representando a la población hindú. El intento de crear una nación musulmana aparte era el principal obstáculo para que los británicos concedieran la independencia al país. Pero, ante este callejón sin salida político y la creciente tensión, el virrey Mountbatten decidió a regañadientes dividir el país y estableció un rápido programa hacia la independencia.

Por desgracia, las dos regiones de mayoría musulmana estaban situadas en lados opuestos del país, con lo que la nueva nación pakistaní estaría dividida por una India hostil. Cuando, finalmente, se anunció el establecimiento de la línea divisoria, empezó el éxodo más importante de la historia, con los musulmanes desplazándose hacia Pakistán y los hindúes y sijs regresando a la India. Más de 10 millones de personas emigraron, e incluso las estimaciones más moderadas calculan que 250.000 de ellas murieron. El 30 de enero de 1948, Gandhi, profundamente decepcionado por la Partición y el consiguiente derramamiento de sangre, sería asesinado por un fanático hindú.

Tras el trauma de la división nacional, el primer dirigente de la India independiente, el primer ministro Jawaharlal Nehru, abogó por una constitución laica, una planificación central socialista y una estricta política de neutralidad. El país optó por unirse a la Commonwealth, pero también estrechó sus lazos con la URSS, en parte a causa de sus conflictos con China, y en parte también por el apoyo estadounidense a su acérrimo enemigo, Pakistán, especialmente hostil hacia la India al reclamar el estado de Cachemira, de mayoría musulmana. India y Pakistán se enfrentaron violentamente en 1965 y 1971, la primera vez por la cuestión de Cachemira y la segunda por el Pakistán oriental (que consiguió la independencia con el nombre de Bangladesh).

El siguiente primer ministro indio y estadista de talla internacional fue la hija de Nehru, Indira Gandhi, quien resultó elegida en 1966. Todavía goza de gran estima en el país, aunque algunos le reprochan haberse inmiscuido en los fundamentos democráticos de la India al declarar el estado de emergencia en 1975. Indira fue asesinada en 1984 por sus guardaespaldas sijs, en represalia por haber expulsado a un grupo de radicales armados pertenecientes a esta religión del templo de Oro en Amritsar. El control dinástico de los Gandhi en la política india continuó cuando su hijo, Rajiv, subió al poder.

Rajiv implantó una nueva política, más pragmática, en el país. Alentó las inversiones extranjeras y la introducción de la tecnología moderna, suavizó las restricciones en las importaciones y así se crearon numerosas industrias. Estas medidas proyectaron a la India en la década de 1990 y la sacaron de su aislamiento, pero no hicieron nada para estimular el gigantesco sector rural del país. Rajiv fue asesinado durante una campaña electoral por un seguidor de los Tigres Tamiles de Sri Lanka.


CULTURA y RELIGION

La religión está íntimamente unida a todas las facetas de la vida de la India. A pesar de una democracia secular, es uno de los pocos países de la tierra donde las estructuras sociales y religiosas que definen la identidad nacional permanecen intactas. Y así ha sido durante cuatro mil años por lo menos, a pesar de invasiones, persecuciones, colonialismo europeo y agitación política. Con la tecnología moderna infiltrándose cada vez más en el tejido de la sociedad, los cambios son inevitables, pero la India rural sigue siendo casi la misma desde hace miles de años. Las instituciones sociales y religiosas son tan fuertes que han absorbido, ignorado o rechazado todos los intentos de destrucción o cambio radical.

Un 80 por ciento de la población, aproximadamente, practica el hinduismo. En términos de número de adeptos, es la religión más extendida de Asia y una de las más antiguas del mundo. Se basa en un vasto panteón de dioses y varios libros sagrados, y afirma que cada persona vive una serie de nacimientos o reencarnaciones que en último término abocan a la salvación espiritual. Con cada nacimiento, la persona se acerca o se aleja de la iluminación; el factor decisivo es el karma de cada uno. El hinduismo tiene tres prácticas básicas: el puja (o culto), la incineración de los muertos, y las normas y reglas del sistema de castas. Es una religión que no se plantea el proselitismo, ya que no es posible convertirse a ella: se nace hindú o no se nace.

Por otra parte, el budismo fue fundado en el norte de la India alrededor del año 500 a.C., y se extendió rápidamente cuando el emperador Asoka lo adoptó, pero fue gradualmente reabsorbido por el hinduismo. Actualmente, los hindúes consideran a Buda como otra reencarnación del dios hindú Visnú. En la actualidad sólo existen 6,6 millones de budistas en la India, aunque algunos enclaves budistas del norte del país, como Bodhgaya, Sarnath (cerca de Benarés) y Kushinagar (cerca de Gorakhpur) siguen siendo importantes centros de peregrinación.

La religión jainista también surgió como un intento de reformar el hinduismo brahmánico, en el mismo momento que el budismo y en gran parte por las mismas razones. Los jainistas son actualmente unos 4,5 millones y se encuentran sobre todo en las zonas del oeste y suroeste del país. Esta religión no ha encontrado nunca adeptos foráneos. Creen que el universo es infinito y no fue creado por ninguna deidad. También creen en la reencarnación y en la posible salvación espiritual siguiendo el camino de los profetas.

Hay más de 100 millones de musulmanes en la India, lo que la convierte en una de las naciones musulmanas más grandes del mundo. El islam es la religión predominante en los países vecinos de Pakistán y Bangladesh, y existe una mayoría mahometana en Jammu y Cachemira. La influencia musulmana se refleja sobre todo en la arquitectura, el arte y la gastronomía.

Los sijs de la India suman 18 millones y viven principalmente en el Punjab. Esta religión se proponía en un principio unir lo mejor del hinduismo y del islam, y sus principios básicos son similares a los del hinduismo, aunque con la importante diferencia de que se oponen al sistema de castas. El santuario más importante de esta religión es el templo de Oro de Amritsar.

La India es el lugar más parecido a Babel que existe en la tierra. No existe ningún idioma común indio, razón por la cual, el inglés sigue, en parte, hablándose en todo el país casi medio siglo después de que los británicos lo abandonaran. La constitución reconoce oficialmente 18 lenguas, pero en el censo de 1991 se registraron más de 1.600 idiomas menores y dialectos. El tema lingüístico está muy politizado, debido en gran parte al hecho de que el trazado de muchas fronteras estatales siguió en muchos casos el de las fronteras lingüísticas. A pesar de importantes iniciativas para establecer el hindi como idioma oficial de la nación, en detrimento progresivo del inglés, estos intentos se han visto obstaculizados por la predominancia de los idiomas dravídicos en el sur del país, muy alejados del hindi hablado en el norte. Las clases altas de la sociedad india siguen hablando inglés como idioma compartido por la élite educada, enarbolándolo como un emblema de su posición social y como un pasaporte hacia el mundo de los negocios internacionales. Aunque, a decir verdad, sólo un 3 por ciento aproximadamente de los ciudadanos indios dominan realmente este idioma.

El arte indio es básicamente religioso en su temática y desarrollo, y para apreciarlo es preciso poseer un mínimo de conocimientos básicos sobre las creencias extendidas en el país. Sus expresiones más destacadas incluyen la danza india clásica, la arquitectura y la escultura de los templos hindúes (disciplinas a veces difíciles de diferenciar en dichos templos), la arquitectura militar y urbana del imperio mongol, las pinturas en miniatura, y la fascinante música india. Esta última puede resultar difícil de comprender para los extranjeros, ya que ignora el concepto de la armonía expresado en términos occidentales, pero vale la pena no desanimarse por esta diferencia.

A los indios les encanta el cine. La industria cinematográfica de la India, centrada en Bombay, es una de las más importantes y llenas de fascinación del mundo entero, si bien una enorme cantidad de las películas que se producen allí son melodramas basados en tres ingredientes vitales: romance, violencia y música. El viajero sabrá a qué atenerse con la simple observación de los carteles fantásticamente pintados a mano que dominan muchas calles. Para hacerse una idea aproximada del contenido de las películas indias, basta con imaginarse una mezcla entre Rambo, Sonrisas y lágrimas, y una epopeya bíblica de Cecil B. De Mille. Se trata de puro escapismo popular, muy duro para el oído, pero que el visitante no debería perderse bajo ningún concepto.